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Éxodo 32: 21/28 21 Entonces dijo Moisés a Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo para que hayas traído sobre él tan gran pecado? 22 Y Aarón respondió: No se encienda la ira de mi señor; tú conoces al pueblo, que es propenso al mal[a]. 23 Porque me dijeron: «Haznos un dios que vaya[b] delante de nosotros; pues no sabemos qué le haya acontecido a este Moisés, el hombre que nos sacó de la tierra de Egipto». 24 Y yo les dije: «El que tenga oro, que se lo quite». Y me lo dieron, y lo eché al fuego y salió este becerro.
25 Y viendo Moisés al pueblo desenfrenado, porque Aarón les había permitido el desenfreno para ser burla de sus enemigos[c], 26 se paró Moisés a la puerta del campamento, y dijo: El que esté por el Señor, venga a mí. Y se juntaron a él todos los hijos de Leví. 27 Y él les dijo: Así dice el Señor, Dios de Israel: «Póngase cada uno la espada sobre el muslo, y pasad y repasad por el campamento de puerta en puerta, y matad cada uno a su hermano y a su amigo y a su vecino[d]». 28 Y los hijos de Leví hicieron conforme a la palabra de Moisés; y cayeron aquel día unos tres mil hombres del pueblo. LBLA.
… ímpetu caótico desenfrenado de la conciencia cauterizada por el pecado, manifestación abierta, explicita, cínica del vulgo que salió de Egipto con la expresa determinación de organizar su propio Egipto en el que serian los faraones y los esclavizadores, como seguimiento de la experiencia a que estuvieron sometidos por más de cuatrocientos años, experiencia sobre la que se cimentó, el orden de aquellos seres humanos, amenazados por la violencia garantizada por el terror a la muerte.
Hebreos 2: 14/15 14 Y lo mismo que los hijos comparten una misma carne y sangre, también Jesús las compartió para poder así, con su muerte, reducir a la impotencia al que tiene poder para matar, es decir, al diablo, 15 y liberar a quienes el miedo a la muerte ha mantenido de por vida bajo el yugo de la esclavitud. BLPH.
La gravísima confrontación que realiza El Creador por medio de Moisés, del siervo que la turba necia pretendía usar como medio para imponer su execrable conducta pecaminosa, obra para limpiar, para depurar de traición, de infidelidad, de adulterio en el Orden Espiritual, el conglomerado que fue declarado semblanza del Unigénito Hijo de Dios, el primogénito en el que las naciones podrían conocer al Único Dios, así que fueron pasados por la espada, los pecadores empedernidos, insolentes ante Dios.
El castigo de los que parecían parte del "pueblo", consumo la decisión en que la gente decidido de antemano su lugar de destino final, de manera que la dignidad genuina de los que demostraron "estar con el Señor", les proveyó la muerte primera, la del cuerpo, como "pasaporte" para ser parte de la muerte segunda,. de la muerte final, la que sucede en el Orden Espiritual, como consecuencia de rechazar la redención de esa muerte, que anula muerte que conduce al infierno.
Sin embargo la revelación de Dios en su Palabra desde el Antiguo Testamento, nos encontramos con la, en verdad aterrorizante verdad de cómo el orden humano, transitorio, perecedero, el que no es más que neblina del amanecer que se disipa con la salida del sol, la que es solo flor de un día, reniega, rechaza, desprecia el Orden Divino, desde el Que El Creador, espera que cambien su decisión; con los tales aguardo cuarenta años, y a excepción de Moisés Josué y Caleb, todos murieron en el desierto.
Hebreos 3: 5/15 5 Moisés fue fiel en toda la casa de Dios[a] como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir más tarde. 6 Pero Cristo[b] fue fiel como Hijo sobre la casa de Dios, cuya casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin nuestra confianza y la gloria[c] de nuestra esperanza. 7 Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: «Si ustedes oyen hoy Su voz, 8 No endurezcan sus corazones, como en la provocación, Como en el día de la prueba en el desierto, 9 Donde sus padres me tentaron y me pusieron a prueba, Y vieron Mis obras por cuarenta años. 10 -»Por lo cual Yo me disgusté con aquella generación, Y dije: “Siempre se desvían en su corazón, Y no han conocido Mis caminos”; 11 Como juré en Mi ira: “No entrarán en Mi reposo”».
12 Tengan cuidado, hermanos, no sea que en alguno de ustedes haya un corazón malo de incredulidad, para apartarse[d] del Dios vivo. 13 Antes, exhórtense los unos a los otros cada día, mientras todavía se dice: «Hoy»; no sea que alguno de ustedes sea endurecido por el engaño del pecado. 14 Porque somos hechos[e] partícipes de Cristo, si es que retenemos firme hasta el fin el principio de nuestra seguridad. 15 Por lo cual se dice: «Si ustedes oyen hoy Su voz, No endurezcan sus corazones, como en la provocación». 16 Porque ¿quiénes, habiendo oído, lo provocaron? ¿Acaso no fueron todos los que salieron de Egipto guiados por Moisés? 17 ¿Con quiénes se disgustó por cuarenta años? ¿No fue con aquellos que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? 18 ¿Y a quiénes juró que no entrarían en Su reposo, sino a los que fueron desobedientes? 19 Vemos, pues, que no pudieron entrar a causa de su incredulidad. NBLA.